obras magistrales en las que abunda el color y el movimiento. 2013

“Colombia es un país con amplia riqueza ambiental y cultural, lo cual conlleva un archivo biodiverso con infinidad de posibilidades para los artistas. En el caso particular de Edgar Francisko Jiménez, el color y el ritmo del trópico lo han atrapado, y es la misma celeridad del sonido y la paleta la que da sentido a sus exquisitas composiciones, basadas en su totalidad en una cultura afro-descendiente que sobrevive con el paso del tiempo, mostrando a las generaciones posteriores su alegría y deseo de vivir y haciendo mofa de sus tristezas motivadas – casi todas- por la discriminación racial y social, en la cual la iglesia católica ha tenido un inmenso aporte.

el torito / little bull dancer. 2008

Colombia is a Country with wide environmental and cultural richness, which implies a bio-diverse archive with infinite possibilities for artists. In Edgar Francisko Jimenez particular case, he has been trapped by the Tropic color and rhythm, and is the swiftness of sound and his own palette which gives sense to his exquisite compositions, totally based on an afro-descent culture which survives despite the elapsed time, showing to future generations his joy and desire for living and sneering at their sorrows, motivated (almost all of them) by racial and social discrimination, on which the Catholic Church has made an immense contribution.

La huella del sol. 2000

A Edgar Francisko, el pintor

 

El encuentro del ave fénix

Y el dragón

Bajo el ojo vigilante del cóndor

Une tus sueños a los míos

La tierra de sol enrojecido

En la ola de tu mar en agonía

El lienzo de aquel tiempo

En tu manos embadurnadas de óleo fresco

Tomado del poemario “Amantes en el paraíso” de Julio Sierra Domínguez. Sincelejo, Colombia, 2000

“cosmogonía de colores y formas, en la que el espectador se transporta a lejanas y multicolores galaxias.” 1994

burst of live . acrylic on canvas. 1995
“Con ocasión de las incomparables festividades culturales llevadas a cabo en Seúl como antesala a los Juegos Olímpicos de 1988, tuve la oportunidad de asistir a la primera exposición de pintura que Edgar Francisko hacía en el “País de la Calma Matutina”. En ese entonces